La crisis que atormenta a los brasileños es básicamente  política y no permite vislumbrar una salida

Análisis: Crisis política en Brasil

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Análisis: Crisis política en Brasil

La crisis que atormenta a los brasileños es básicamente política y no permite vislumbrar una salida.

Es el fin de un ciclo, según varios análisis, pero no hay indicios de que se esté gestando algo nuevo.

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Brasil vive una “crisis de hegemonía”, en que no hay fuerzas políticas con propuestas consistentes y capaces

de darle algún rumbo al país en la disputa por el poder, según

el director del Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos (Ibase), Cándido Grzybowski.

 

“El riesgo de ese vacío es que puede acontecer una sorpresa, como el ascenso de un salvador de la patria al poder, dijo a IPS.

Los ejemplos que suele mencionar van de Adolf Hitler y Benito Mussolini a los más recientes,

como Fernando Collor, expresidente brasileño inhabilitado por corrupción en 1992.

“La Constitución de 1988 falló al no renovar la política, no cambió las reglas para los partidos,

que siguen con el monopolio del proceso electoral.

La democracia está aún por hacerse en esa área”: Cándido Grzybowski.
Pero lo más evidente para la población es la economía, que entró en una recesión en 2014 que se pronostica

que se prolongue durante 2016, con desempleo e inflación en alza, y el escándalo de corrupción en los negocios de la estatal petrolera Petrobras

que ya encarceló a grandes empresarios y amenaza a muchos líderes políticos.

 

En esa crisis de múltiples dimensiones, la presidenta Dilma Rousseff enfrenta además una rebelión de aliados en la Cámara de Diputados, un rechazo popular récord

según las encuestas, presiones por su inhabilitación o renuncia y la reanudación de protestas en las calles, con anunciadas nuevas movilizaciones para el 16 de agosto.

El gobernante Partido de los Trabajadores (PT) perdió, según los términos de Grzybowski, la hegemonía que hizo efectiva con el triunfo de su líder máximo,

Luiz Inácio Lula da Silva, en las elecciones presidenciales de 2002.

Resistió el escándalo de 2005, en que tuvo sus principales dirigentes presos, acusados de obtener recursos fraudulentos para sobornar parlamentarios.

Por eso logró la reelección de Lula en 2006 e imponer como sucesora a Rousseff, también reelegida en 2013.

Pero las actuales investigaciones del Ministerio Público Federal (fiscalía general) y la Policía Federal sobre

el pillaje en los grandes proyectos petroleros son arrolladoras.

El PT es apuntado como principal articulador de la red que desvió, según estimaciones de Petrobras basadas en las investigaciones judiciales,

el equivalente a cerca de 1.800 millones de dólares. Dos de sus dirigentes están detenidos desde el 3 de agosto.

Por lo menos 23 acusados decidieron colaborar con la justicia y otros negocian acuerdos de delación para reducir penas, un mecanismo legal brasileño

que permite a los jueces obtener informaciones cada día más detalladas y más extensas sobre la corrupción aparentemente generalizada en muchos sectores.

Decenas de empresarios presos, incluyendo los presidentes de las dos mayores constructoras brasileñas, son un resultado parcial del proceso.

Pronto será la vez de los políticos que solo pueden ser juzgados por el Supremo Tribunal Federal, un privilegio de los parlamentarios y altos miembros del gobierno.

Ya están involucrados por lo menos 31 legisladores, incluyendo los presidentes de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros, además de dos

gobernadores estadales y 14 exparlamentarios, la mayoría del PT y de su principal socio en

la coalición gobernante, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

Con el escándalo y su gobierno adoptando políticas económicas que antes condenaba y cometiendo otras incoherencias, el P-T sufre disensiones

internas, mientras perdió respaldo en sectores antes incondicionales.

“Es el fin de un ciclo del P-T hegemónico, en que adoptó prácticas tradicionales de la política brasileña

desde el inicio de la República”, en 1889, admitió Tarso Genro,

dirigente e ideólogo del partido, quien fue ministro de Justicia y de Educación con Lula

y luego gobernó el estado de Rio Grande do Sul.

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