(Análisis) Siria Trump abre un nuevo y peligroso juego geopolítico

(Análisis) Siria: Trump abre un nuevo y peligroso juego geopolítico

(Análisis) Siria: Trump abre un nuevo y peligroso juego geopolítico
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El ataque generó una crisis de imprevisibles consecuencias.
Los confusos parámetros de su política exterior, la señal era clara: el entonces candidato presidencial no pensaba hacerle la guerra al dictador sirio. Sin embargo, el jueves pasado, Estados Unidos disparó misiles sobre una de sus bases aéreas. Y aunque el ataque punitivo no pretendió cambiar -y no lo hará- el curso de la guerra, podría haber colocado al mundo al borde de la crisis geopolítica más grave de los últimos años.

Aunque sus motivaciones pertenecen más al campo de la psicología que de la estrategia internacional -cuya ausencia señalan muchos especialistas-, Trump no es el único responsable de la escalada de tensión que vive el planeta. La ofensiva fue una represalia al presunto ataque con armas químicas del régimen sirio contra civiles, que dejó 86 muertos y provocó una condena global.

Las razones que invocó Trump para justificar ese castigo pueden ser legítimas desde una óptica emocional, pero resultan insuficientes -y peligrosas- desde el punto de vista jurídico y estratégico.

 

“Sancionar en forma unilateral al protegido de Moscú, sin mandato de la ONU ni respaldo de sus aliados, ridiculizó al presidente ruso, Vladimir Putin, a nivel internacional y lo colocó en la obligación de tener que reaccionar en forma proporcional”, señala Pascale Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS). Accesoriamente, “tampoco será con ataques aéreos que Estados Unidos derrocará a Al-Assad o hallará una solución diplomática”, agrega.

Ayer, en un escrito enviado al Congreso, Trump subrayó que la meta del bombardeo fue reducir la capacidad de los militares sirios de realizar ataques con armas químicas y desalentar al gobierno sirio de volver a utilizarlas.

No resultó sorprendente entonces que el Kremlin interpretara el ataque a su aliado Al-Assad también como una agresión contra Moscú. La represalia de Estados Unidos en Siria es una acción “al límite del conflicto militar con Rusia”, advirtió el premier ruso, Dimitri Medvedev.

Yuri Chvytkine, uno de los vicepresidentes de la comisión parlamentaria de Defensa, completó la amenaza al afirmar que ahora el Kremlin “se reserva el derecho de reaccionar convenientemente a los ataques del gobierno de Estados Unidos”.

En su primera reacción, Rusia suspendió el acuerdo de coordinación firmado con Washington a fines de 2015 para evitar incidentes entre aviones militares de ambas potencias en el espacio aéreo sirio. Desde ayer, esos aparatos pueden encontrarse en cualquier momento frente a frente a más de 2000 kilómetros por hora sobre un territorio de 181.100 km2.

El director de estudios geopolíticos del Instituto Europeo de Relaciones Internacionales, Pierre-Emmanuel Thomann, prefiere creer que se trata de una advertencia. “Rusia trazó a su vez una línea roja a fin de indicarle a Estados Unidos que aumentar la escalada supondrá un peligro”, conjeturó el experto.

A diferencia de la actitud que adoptó Nikita Khruschev durante la crisis de los misiles de 1962, cuando abandonó a su aliado cubano Fidel Castro y optó por privilegiar los intereses soviéticos, Putin parece resuelto a proteger formalmente a su aliado. Y a menos que una comisión independiente internacional compruebe que el ataque con gas sarín contra la localidad de Khan Sheikhoun fue efectivamente lanzado por las fuerzas de Al-Assad, el líder del Kremlin podrá seguir con la defensa de su inocencia.

“Ni el régimen sirio ni los rusos se benefician con ese brutal ataque. Considero altamente improbable la hipótesis de que alguno de ellos sea el responsable”, afirma, entre otros, el ex embajador de Gran Bretaña en Siria, Peter Ford. A su juicio, las imágenes pueden haber sido producidas por fuentes opositoras o por sectores intervencionistas para forzar a Trump a cambiar de posición. “Un remake de las armas de destrucción masiva inventadas por la administración de George W. Bush cuando quiso intervenir en Irak”, explica.

Que Al-Assad haya querido buscar una ventaja militar parece poco evidente. En ese terreno, hasta la semana pasada tenía la situación más o menos controlada. No necesitaba usar armas químicas para avanzar y, por experiencia, sabía que el uso de gas sarín provocaría una reacción de horror internacional.

La única explicación racional de ese bombardeo sería entonces que el presidente sirio -o alguno de sus jefes de guerra- haya querido torpedear las negociaciones que se realizan actualmente bajo la égida de Rusia. “Al-Assad teme que esas discusiones desemboquen en la supervivencia del régimen sirio, pero sin él. Debe haber pensado que el uso del gas sarín sabotearía toda posibilidad de acuerdo”, analiza el especialista francés Marc Semo.

Pero, en ese caso, Al-Assad probablemente haya cometido un gravísimo error, porque el ataque químico también dinamitó el acercamiento que Moscú trataba de lograr con Washington en esta nueva era bajo el mandato de Trump.

“Al-Assad se comportó como un aliado poco respetuoso de los intereses de su mentor, Vladimir Putin. Y de paso con su otro gran aliado, Irán. Víctimas a su vez de las armas químicas durante la guerra con Irak en los años 80, los iraníes aborrecen su utilización”, analiza Boniface. “Putin -agrega- debe estar furioso con el presidente sirio y sin duda ya habrá decidido cómo arreglarle las cuentas.”

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Reuniones

Otro detalle no debe haber escapado de la atención del presidente ruso. En las semanas previas al ataque del jueves pasado, Trump recibió sucesivamente en la Casa Blanca al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y a los dirigentes de Arabia Saudita, Egipto y Jordania, todos hostiles al eje Rusia-Siria-Irán y extremadamente reservados con la estrategia del Kremlin en Medio Oriente.

Putin teme que, con sus imprevisibles reacciones, Trump decida ahora volver a cubrir el enorme vacío creado en esa región por el repliegue decidido por su antecesor, Barack Obama.

Decidido a mostrar sus músculos, anteayer Moscú anunció su intención de aumentar su apoyo al régimen de Al-Assad y trasladó su navío más moderno estacionado en el Mar Negro a su base naval de Tartús, en la costa siria. Armado con misiles de crucero de largo alcance Kalibr, el buque tomará posición a proximidad de los dos barcos norteamericanos que lanzaron los ataques del jueves contra la base aérea siria desde el Mediterráneo.

En las actuales condiciones, esos 59 misiles Tomahawk deberían sonar como la salva anunciadora de una crisis geopolítica de imprevisibles consecuencias.

Más reacciones tras el ataque.

Rusia, Corea del Norte e Irán advirtieron por las consecuencias de la ofensiva de EE.UU.

El canciller ruso, Serguei Lavrov, y el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, hablaron por teléfono ayer sobre la situación en Siria; el ministro de Vladimir Putin advirtió que “un ataque contra un país cuyo gobierno lucha contra el terrorismo crea amenazas adicionales a la seguridad regional y global”

El presidente iraní, Hassan Rohani, aliado de Al-Assad, instó ayer a que se realice una investigación imparcial sobre el supuesto ataque con armas químicas del régimen sirio; también advirtió que los bombardeos estadounidenses amenazan con avivar aún más “el extremismo en la región y el peligro en el mundo”

Corea del Norte condenó ayer el ataque militar de Estados Unidos a Siria y señaló en un comunicado oficial que fue “absolutamente inaceptable”; el régimen de Kim Jong-un evaluó la decisión de Donald Trump como una “clara invasión”, que “da validez” a Pyongyang para adquirir, desarrollar y atesorar armas nucleares.
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